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Eva Urra, comerciante angolina: me inicié en el negocio de la pescadería con dos cajones y una tabla

Historias de esfuerzo como las de la señora Eva hay miles en Malleco y La Araucanía. Desde la nada y con escasas posibilidades supo encontrar la forma de ganarse la vida de manera digna y como consecuencia entregar una mejor perspectiva de vida a sus hijos.

Redactado por Eduardo Namoncura / Fotografía por Gonzalo Ibarra

Dueña, en opinión de muchos, de los mejores mariscales de la Feria Mercado de Angol, de esos que reponen energías y buen semblante tras una buena noche de juerga y alboroto. Dice que la única receta que existe es hacerlos con cariño y dedicación, lavando cuidadosamente cada ingrediente, tal cual le enseñó su madre. Un código de honor, que tras 40 años en el negocio de la pescadería aún mantiene vivo, honrando no solo la memoria familiar, sino que también la confianza de una clientela fiel, que por años le ha brindado su preferencia.

Sierra, cholga, filete, almeja, ulte, ceviche y congrio, son algunos de los productos del mar que ofrece en su local, ubicado frente a la entrada principal del recinto emplazado en calle Campo de Marte, proyecto ampliamente anhelado por los locatarios que tuvo que sortear varios traspiés para ser finalmente inaugurado el año 2015.

UNA HISTORIA DE ESFUERZO

Eva Urra Sanhueza, comerciante angolina de 72 años, es una mujer fuerte. Comenzó a trabajar a temprana edad. Según narra, de pequeña acompañaba a su madre hasta Talcahuano. “Siempre me gustó el comercio, ya que de chiquitita trabajé con mi mamá arriba de los trenes. Ella vendía manzanas, carros de carbón, carne, longanizas y muchas otras cosas más”, recuerda.

Hace cuatro décadas se inició en el negocio de la pescadería, según ella misma cuenta, con dos cajones de tomates y una tabla, los que le sirvieron de improvisado mesón, cuando un día su comadre María le pidió ayuda para ir a trabajar en su local y se pudo dar cuenta de que el negocio era bueno; fue así que le pidió un poco de su mercadería para probar. Ese mismo día consiguió vender su primera caja de pescados, y de ahí en adelante, con su esposo, inició un camino que los une hasta el día de hoy junto a sus hijos.

En la actualidad Eva y su familia son dueños del local “Pescadería Evita”, el que han ido construyendo a pulso, ya que cuando llegaron a la calle de Campo de Marte, sólo les entregaron el espacio delimitado, teniendo que construir de cero. Todo lo que tienen el día de hoy es fruto de su perseverancia, puesta a prueba una vez más con la llegada de la pandemia, donde pese a las restricciones iniciales supieron cómo salir adelante incorporando el delivery y abriendo el negocio al mundo digital.

“De no ser por mis hijos la pandemia me hubiese comido, no podría haber hecho nada. Si bien esta no ha sido ni mala ni buena para nosotros, se nos complicó en un principio, pero solo había que tener paciencia con la gente, hasta que salimos adelante. Ahí con su ayuda empezamos con los delivery, lo que nos ayudó a sobrevivir a la pandemia, ya que desde un principio sabíamos que nos iban a cerrar la vega”, comentó.

UNA VIDA MARCADA POR EL FERROCARRIL

Vívido en su relato, es el recuerdo del tren y de los viajes que realizaba junto a su madre y con sus amigas de juventud. Cuando era una adolescente vivió en primera persona el choque de dos trenes en Chiguayante. Ella cayó al río y desde ahí fue rescatada, mientras que su madre desapareció, regresando a Angol 10 días después. “Nosotros vivíamos en El Cañón y todas las noches íbamos a los trenes (estación), porque todas las demás colegas de mi mamá iban llegando a medida que pasaban los días, hasta que, finalmente, después de muchos días, la vimos regresar”, recuerda emocionada.

Como si el tren estuviera destinado a marcar su vida, fue sobre sus rieles y durmientes que conoció a su primer esposo; “yo me casé en los trenes. Mi marido era pescador y jugador al naipe. Tiempo después me separé de él, mi hija mayor tenía dos meses”.  Y así como una gran cantidad de mujeres supo sacar adelante a su familia a punta de esfuerzo y trabajo duro, levantándose de madrugada para ir buscar la mercadería que le aseguraba el sustento. Años más tarde se casaría con su actual compañero de vida, matrimonio que le entregaría su segundo hijo y con el cual levantaría el negocio que actualmente posee.

FUTURO ESPERANZADOR

Durante más de cuatro décadas ha puesto en la mesa de los angolinos los mejores productos del mar y junto con ello ha conocido tantas personas como historias de su natal Angol. Hoy en retrospectiva. Eva se reconoce una mujer realizada, trabaja junto a su familia con la tranquilidad de que, cuando llegue el momento de dejar el mando del negocio, este quedará en buenas manos, velando ante todo por la calidad de los productos ofrecidos y por el trato cercano y respetuoso a su clientela que por años ha depositado su confianza y preferencia.

Historias de esfuerzo como las de la señora Eva hay miles en Malleco y La Araucanía. Desde la nada y con escasas posibilidades supo encontrar la forma de ganarse la vida de manera digna y como consecuencia entregar una mejor perspectiva de vida a sus hijos, permitiendo a su familia progresar y construir un legado que se proyecta al futuro en sus manos, las que a diario se sumergen en las frías aguas donde los productos del mar esperan antes de llegar a las mesas de cientos de angolinos y angolinas.

El suplemento digital Somos Mujeres fue financiado por el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional de La Araucanía.

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